Hay personas que entran en nuestras vidas
y salen de ellas con la misma facilidad con que viaja una delicada mota de
polvo en el viento, el inconveniente está, cuando se descubre que su partida
corta como afiladas navajas la piel más delgada.
Duele ver partir a esa persona que tanto
amas, quien aceleró tu corazón más allá de los límites, quien recorrió en un
segundo un sinfín de recodos llenos de mundos de colores en los que el alma más
lastimada se regocija al calor de un tierno abrazo y amor, contigo a su lado.
Te paseaste sin mi consentimiento por
donde otras personas jamás llegaron siquiera a imaginar, te fundiste con mi
sangre y me descubriste completamente, me entendiste y desarmaste con un beso
inmenso que sólo comprendió mi corazón, te aferraste a mis ilusiones y las
hiciste totalmente tuyas, dejándome a mí sin nada, sin sueños, ni fantasías;
puestas las hiciste realidad en aquel segundo que nuestros cuerpos lujuriosos
se llenaron de descaro y llamaron amor, a lo que fue algo mas. Pero duele, hiere
en lo mas profundo de cualquier ser, saber que esos momentos mágicos que fueron
más que irreales no volverán, que los labios que me inspiraron tantas poesías
de un universo lleno de vida partieron a donde ni la vista más aguda podrá
hallarlos.
Empiezo así la cruzada de aprender a
sobrevivir sin lo que tu me das, a respirar sin el aire que me ofreces, a
sentir sin tus caricias y a ver sin tus ojos; temo llegar a comprender que
existe algo más que tú en esto que otro llaman vida, a saberte mía sin tenerte
entre mis brazos y arder en el fuego del abandono; aquella efímera nube que nos
transportó por lo impensado hoy se hace distante, soy un vagabundo en las
calles de un pueblo lleno de nada, donde otra boca besará la mía, donde seré el
dueño de nada teniéndolo todo, Rey de un palacio de agua.
Te fuiste y me dejaste ahogándome en la
desidia al no querer nada más que a ti, tratando de gritar debajo del agua, apostándole
al perdedor, jugando al póker de los desahuciados, aplastado por centenares de
recuerdos que sólo vienen a martirizar las sobras de lo que ayer fue el más feliz
de los amores. No te esperaré, pero aquí estoy para ti, no te amaré, pero
guardaré mis sentimientos por ti en el baúl de un olvido que jamás he de
alcanzar.
Morí antes de nacer, pues te viví en un
mundo que no existió mas allá de mi corazón, siento que hace siglos no recuerdo
lo que creí eterno alguna vez, mas sin embargo fue hace un segundo. Entiendo que la mitad de mis palabras no
tienen sentido, pero así son las cosas contigo, no pretendo excusarme, pero al
menos yo te deje partir, mis brazos se resistían a soltarte, mis manos no
paraban de acariciarte, mis ojos vistieron de tristeza con lágrimas saladas
cuando tu tiempo llegó y la separación se hizo inminente, el destino maldito
nos llevó por caminos diferentes por más que en la encrucijada yo quise elegir;
pero te dejé partir.
