Ryan POV
Era una hermosa tarde y no hubo otra idea en mi cabeza sino llevarla a la playa, quedaba sólo a 1 hora de su casa.
-Claudia, voy para tu casa. Lleva en un bolso: traje de baño, una toalla y una muda de ropa; vamos a la playa.
-Okay, dame 15 minutos.
Y como acordamos en 15 minutos llegué a su casa y estaba saliendo de esta. Subió al auto y nos fuimos a la playa.
Claudia POV
Él era un caso, amaba sus planes repentinos. Hoy: La playa.
Apenas me llamó subí directo a empacar lo que me iba a requerir para esta salida. Avisé a mi madre y cuando salí de casa ya estaba su auto clásico descapotable en frente.
-¿Y este plan repentino?
-Me dije: “¿Por qué no llevar a mi hermosa novia a la playa habiendo tan buen clima?” E instantáneamente te llamé. ¿A que no has tenido tan buen novio?
-Jajajaja, sí, mi novio es único.
-¿Y es que soy tan buen novio que ni un beso me merezco?
-Ay, cómo lo puedes decir tan melodramáticamente.
-Me hieres en lo más profundo, Ness(*).
-Lo siento, hermoso –lo besé-. He ahí tu beso.
-Gracias, bella dama –dijo esto con una reverencia-. Ahora, ¡A LA PLAYA!
El camino a la playa es una hora pero, con la velocidad en la que él conduce y nuestras pláticas, parecieron sólo 5 minutos de camino.
-¡Listo! ¡Llegamos!
Y en efecto, habíamos llegado.
Buscamos un buen lugar para poner las cosas y meternos en el agua.
-Ness, te puedes cambiar en aquella caseta –señaló una pequeña cabaña-. Ya yo tengo mi short debajo del jean.
Salí de caseta y mi novio ya se estaba bañando, yo en cambio preferí disfrutar del sol antes de entrar a la playa.
-Claudia, si eres aburrida. Te traigo a la playa y lo que quieres es tomar sol, ¿Cuándo entenderás que aunque tomes sol todo el día seguirás siendo la reencarnación de Blancanieves?
-Ryan, no me provoques –iba a decir algo y lo callé de inmediato-. Sí, SÍ es una amenaza. Voy en un rato, tú mientras explora el terreno.
Y dicho esto volvió a su antigua actividad.
Yo estaba clara que no iba a broncearme ni un poquito, pero tenía mis razones: la primera, disfrutaba del sol enormemente, y segunda, disfrutaba ver el cuerpo de mi novio a lo lejos; sí, soy una morbosa.
Pasada media hora me dispuse a acompañarlo, ya necesitaba un buen abrazo.
Ryan POV
A lo lejos vi que ya Claudia me iba a acompañar en mi tarea y de inmediato la recibí.
-Adivino, querías ya tus dosis de abrazos, besos y mi compañía.-Of course, mi atolondrado novio.
-¿Y lo de ‘atolondrado’ por qué?
-Es de cariño, tontito. You know that I love you.
-Yeah, babe, I know.
-¡Sí que te ves muy sexy hablando en inglés!
-Jajajaja, no tienes que recordármelo cada vez que lo hago.
-Me es necesario –me dijo-, al igual que este beso que estoy próxima a darte.
Y me besó, de la manera dulce que siempre lo hace. Acompañado de un sabor a chocolate que es adictivo, ese amargo que encanta.
-Y yo amo la manera en que me besas, con ese sabor a chocolate amargo que me encanta y vuelve loco.
-Para complacerte estoy –me volvió a besar-, nunca me cansaría de besarte.
Besé su frente y nos pusimos a nadar. Estuvimos acompañados de risas, suspiros, maldiciones e insultos durante hora y media, luego de esto nos dispusimos a salir del agua para secarnos y ver la puesta de sol.-¿A que no es lo más hermoso que hayas visto? -dijo mi Ness entre mis brazos y viendo el horizonte.
-No –dije sin pensar y viéndola-, lo más hermoso que he visto lo tengo al frente.
Volteó a verme y se unieron nuestras miradas. Le acaricié una mejilla y deposité un dulce beso en sus rosados labios. Unimos nuestras frentes y sentíamos los últimos rayos de sol jugando con nuestras caras.
-Debo decir lo mismo, adorado caballero –dijo mi diosa-. Eres lo más hermoso que ha surcado mi cielo, gracias por estar aquí.
-Al contrario, el que debe de agradecer soy yo. Si no hubieras dicho sí desde que te pregunté si querías estar conmigo, no hubiéramos pasado una de las mejores tardes de nuestras vidas. Te amo.
-Y yo a ti –y cerramos nuestro pacto besando su frente.
Claudia POV
El trayecto de la playa a mi casa fue exactamente de una hora, nos la pasamos escuchando música y abrazados. Al llegar a mi casa, Ryan fue directo a saludar a mi mamá y luego nos fuimos al patio trasero a ver las estrellas… sí, somos muy cursis.
-Quisiera hacer esto todas las noches –dije inconscientemente-, estar junto a ti, ver las estrellas y hacer y decir todas las cursilerías de las novelas románticas.
-Concedido, mi dulce dama –tomó mi mano, me levantó y la besó-. ¿Me concedes esta pieza?
No me di cuenta de cuándo estaba el equipo de música reproduciendo la canción de Mi princesa de David Bisbal.
-Claro, mi caballero andante.
Nos balanceábamos de un lado a otro, yo con mis manos alrededor de su cuello y mi cabeza recostada en su hombro, y él con sus manos en mi cintura.
De repente el momento se torno demasiado íntimo, y sentía que volaba y no nos importaba nuestro alrededor.
-Eres lo que tanto esperaba, lo que en sueños buscaba y que en ti descubrí –estaba cantando-. Tú has llegado a encender cada parte de mi alma, cada espacio de mi ser. Ya no tengo corazón, ni ojos para nadie sólo para ti.
Lo abracé más fuerte y seguí escuchándolo. No me había percatado que se había puesto otra canción.
-Eres el amor de mi vida, el destino lo sabía y hoy te puso ante mí. Y cada vez que miro al pasado es que entiendo que a tu lado siempre pertenecí. Tú has llegado a encender cada parte de mi alma, cada espacio de mi ser. Ya no tengo corazón, ni ojos para nadie sólo para ti.
Me perdí entre unas cuantas lágrimas y a lo último logré escuchar:
-Eres todo lo que pedía, lo que no conocía y que en ti descubrí.
Sintió que su camisa estaba bañada con algunas de mis lágrimas y de inmediato beso mi cabeza, me levantó la cara y plantó otro beso en mi frente, seguido de unir nuestras frentes.
-Nunca te dejaré ir, y aunque me alejes o me aleje, nunca estarás sola. Seré un Ángel Guardián para ti.
-Eso nunca lo dudaré –me besó en los labios y seguimos bailando.
-Ryan, ya es hora de que te vayas –dijo mi madre sacándonos de nuestra burbuja personal-. Ya van a ser las 10.
Y era correcto, nos separamos y comprobó la hora en su reloj.
-Sí, ya es tarde. Adiós, Ness. Adiós, señora Teresa
-Que tengas buena noche Ryan –dijo mi madre.
-Gracias, igualmente para las dos. Claudia, te llamo cuando llegue.
-Okay –lo besé rápidamente y lo despedí con mi mano.
Sabía que esta noche traía mala espina.
Entramos a la casa y nos quedamos hablando sobre nuestro día. De ahí pasó una hora y sonó mi teléfono, era Ryan.
-Hola, amor, ¿ya llegaste?
-¿Hablo con Claudia? -era la voz de otra persona y empecé a preocuparme.
-Sí, soy yo. ¿Ocurre algo? ¿Qué pasó con Ryan?
-Lo siento, señorita, pero lamento informarle que el joven Ryan acaba de fallecer en un accidente de tránsito.
No había terminado de asimilar la noticia cuando mi cara se nubló en lágrimas. Mi teléfono cayó en la alfombra y mi madre lo recogió para hablar con el oficial y que éste le dijera lo que yo, su shockeada hija, no podía decirle.
Hoy ya hace un mes que te fuiste de aquí, mi amor, y te siento a mi lado como prometiste. Como mi Ángel Guardián. Guardando en mi memoria esa noche estrellada en la que juramos, como otras veces, amarnos sin impedimento.
Que cruel es la muerte que sin avisarnos nos quita lo que más amamos, dejando un vacío incurable y que nos persigue hasta el momento de perecer.
Te llevaré tatuada en mi memoria, junto con ese día memorable que pasamos los dos.
Jugando a ser la muñeca de porcelana reparada con una pega barata, que a lo lejos se ve hermosa pero de cerca se ven todas sus marcas. Esperando a ese Romeo que sólo es un objeto invisible e intocable que habita en otra dimensión.
Queriendo ser parte de ella y convertirme en el Ángel Guardián de alguien más.











