Tropiezo, caigo, me levanto y así pasa todo el
tiempo. ¿Creer en ti? No me jodas. Cuántas veces no creí y acabé de la misma
forma, y claro, sigo cayendo.
“La tercera es la vencida”, esa frase cruza mi
mente cada día. Y quiero analizarla.
Primero que nada estamos hablando de la misma
persona, el Susodicho A.
Esta persona ya va por la cuarta, así es, no aplica
la tercera; como dicen: la excepción a la regla.
Ocasión número 1: El sujeto nombrado
anteriormente aparece con el rabo entre las patas el 2 de enero del presente
año. Esta chica lo rechaza, orgullo de mujer, luego de haber sido herida de la
más estúpida y amarga forma. Él quiere volver, ella le dice “No, gracias”
después de que exactamente tres días atrás haya cometido un error del cual se
seguirá arrepintiendo el resto de sus días. Esta conversación no dura más que
unos días. El sujeto se aleja, luego de ver fallido su intento de volver.
Ocasión número 2: Febrero, después de casi más
de un mes que la chica decidió sacarlo de su vida, se invierten los papeles y
esta vez es ella quien aclama disculpas y querer volver. Usa un medio moderno
para comunicarse con el Susodicho A, recibe respuesta a la semana, la semana
del 14 de febrero.
La chica le cuenta de sus días sin él, sus
problemas que la embargan desde la primera vez que lo conoció y de un
insistente pretendiente que la tiene al borde de la desesperación. El chico por
lo visto no aguanta y la vuelve a abandonar el 5 de marzo.
Ocasión número 3: Obviamente nuestra
protagonista es terca hasta la médula y sigue viviendo su masoquismo, queriendo
al innombrable hasta el tuétano y con una gran coraza en su corazón, coraza que
sólo sus mejores amigos pueden entrar y todavía hay restricción del paso. Lo
piensa, lo sueña, lo imagina, igual a como lo conoció ese 12 de junio del año
pasado, y claro, ella quiere devolver el tiempo porque sigue pensando que él es
su chico de ensueño, ese que cada niña sueña en su infancia, con esos
sentimientos de caballero y porte de príncipe, agregando cada año nuevas
características que se le van presentando en la vida. No lo niego, ella lo ama,
pero es un amor sadomasoquista.
Dos de marzo, casi un mes después de que él se
volvió a ir, ella cree que encontró un bálsamo sanador en su mejor amigo; le
manda un mensaje de un número desconocido en el cual le expresaba su gratitud
por hacerla madurar y saber sobre este tema tan bonito y tan doloroso como lo
es enamorarse. Recibe respuesta, pero no quiere responder de vuelta. Tres días
después, recibe noticias de él, le dice que vuelve porque la extraña y porque
ese día se cumplió un mes desde la última vez que supieron el uno del otro; este encuentro
no duró mucho, pues, a la semana ya la estaba alejando de nuevo, culpándola de
algo que ella no pretendía.
Esta vez, nuestra chica capta las tres
ocasiones y recuerda su dicho, “A la tercera, va la vencida”.
Tres oportunidades que él no supo valorar, y
tres oportunidades que quedan grabadas en su mente, pues su amor al parecer no
fue correspondido y su vida se basa en sufrir.
Se enfrasca en sus amigos, los cuales no saben
de esas oportunidades que ella le ha otorgado al Susodicho A, ella se apega más
a su mejor amigo, vive el amor a través de otros, negándose a ser feliz pues
está cansada de sufrir, y no lo digo por el Susodicho A, sino por otros dos
anteriores a él, aunque obviamente menos peligrosos y dañinos.
Este afecto especial para con su mejor amigo la
hace estar confundida, y trata de abrirse al amor poco a poco.
Los meses pasan, y el Susodicho se va quedando
en el olvido gota por gota. Abril, mayo, junio y julio. Una tragedia agobia a
nuestra chica pues una mujer la cual conocía muy bien fue arrastrada por las
manos de la muerte de una manera para nada grata. Se cierra, no están sus
amigos con ella, está en shock. Se aleja, duerme para permanecer poco en la
vida real y unas ojeras casi negras se tatúan debajo de sus ojos.
5 de agosto, 5:45 am. Nuestro Susodicho A
aparece sin ser llamado y da paso a nuestra actual ocasión número 4, y lo más
irónico es que nuestra chica lo recordó, esa noche, después de tantos meses.
Aparece con una nota, que hace que su cuerpo
literalmente tiemble y su corazón lata tanto que los latidos los siente en los
oídos. Luego de leerla 3 veces y salir de su expectación, otro mensaje le
sigue, él lamenta haberla buscado de nuevo, que no sabía que la mención de su
simple nombre le producía asco. Nuestra chica le responde, se abre
completamente y lo invita a responderle, guarda pocas esperanzas pues el
mensaje estaba datado desde el 1 de agosto.
Él le responde y proceden a tener una
conversación, luego otra y así hasta ahora.
Lo extraño de todo esto es que siente algo
distinto, al principio pensó que le seguía queriendo pero el pasar de las
conversaciones diarias y ver que él seguía con mentiras la hizo sentarse, la
hizo sentiré incómoda, cosa que era imposible cuando estaba con él.
Y aquí está, como una imbécil escribiéndole una
carta expresando todo el dolor e inseguridad que siente con su regreso y, por
supuesto, agregando al final que lo estará esperando si así él lo desea.
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