jueves, 4 de octubre de 2012

La excepción a la regla

Ahogo un grito en mi almohada llena de ilusiones, me hago amiga de esta melancolía que me acompaña a diario, maldito mundo de mentiras que son mi pan de cada día.
Tropiezo, caigo, me levanto y así pasa todo el tiempo. ¿Creer en ti? No me jodas. Cuántas veces no creí y acabé de la misma forma, y claro, sigo cayendo.
“La tercera es la vencida”, esa frase cruza mi mente cada día. Y quiero analizarla.
Primero que nada estamos hablando de la misma persona, el Susodicho A.
Esta persona ya va por la cuarta, así es, no aplica la tercera; como dicen: la excepción a la regla.
Ocasión número 1: El sujeto nombrado anteriormente aparece con el rabo entre las patas el 2 de enero del presente año. Esta chica lo rechaza, orgullo de mujer, luego de haber sido herida de la más estúpida y amarga forma. Él quiere volver, ella le dice “No, gracias” después de que exactamente tres días atrás haya cometido un error del cual se seguirá arrepintiendo el resto de sus días. Esta conversación no dura más que unos días. El sujeto se aleja, luego de ver fallido su intento de volver.
Ocasión número 2: Febrero, después de casi más de un mes que la chica decidió sacarlo de su vida, se invierten los papeles y esta vez es ella quien aclama disculpas y querer volver. Usa un medio moderno para comunicarse con el Susodicho A, recibe respuesta a la semana, la semana del 14 de febrero.
La chica le cuenta de sus días sin él, sus problemas que la embargan desde la primera vez que lo conoció y de un insistente pretendiente que la tiene al borde de la desesperación. El chico por lo visto no aguanta y la vuelve a abandonar el 5 de marzo.
Ocasión número 3: Obviamente nuestra protagonista es terca hasta la médula y sigue viviendo su masoquismo, queriendo al innombrable hasta el tuétano y con una gran coraza en su corazón, coraza que sólo sus mejores amigos pueden entrar y todavía hay restricción del paso. Lo piensa, lo sueña, lo imagina, igual a como lo conoció ese 12 de junio del año pasado, y claro, ella quiere devolver el tiempo porque sigue pensando que él es su chico de ensueño, ese que cada niña sueña en su infancia, con esos sentimientos de caballero y porte de príncipe, agregando cada año nuevas características que se le van presentando en la vida. No lo niego, ella lo ama, pero es un amor sadomasoquista.
Dos de marzo, casi un mes después de que él se volvió a ir, ella cree que encontró un bálsamo sanador en su mejor amigo; le manda un mensaje de un número desconocido en el cual le expresaba su gratitud por hacerla madurar y saber sobre este tema tan bonito y tan doloroso como lo es enamorarse. Recibe respuesta, pero no quiere responder de vuelta. Tres días después, recibe noticias de él, le dice que vuelve porque la extraña y porque ese día se cumplió un mes desde la última vez  que supieron el uno del otro; este encuentro no duró mucho, pues, a la semana ya la estaba alejando de nuevo, culpándola de algo que ella no pretendía.
Esta vez, nuestra chica capta las tres ocasiones y recuerda su dicho, “A la tercera, va la vencida”.
Tres oportunidades que él no supo valorar, y tres oportunidades que quedan grabadas en su mente, pues su amor al parecer no fue correspondido y su vida se basa en sufrir.
Se enfrasca en sus amigos, los cuales no saben de esas oportunidades que ella le ha otorgado al Susodicho A, ella se apega más a su mejor amigo, vive el amor a través de otros, negándose a ser feliz pues está cansada de sufrir, y no lo digo por el Susodicho A, sino por otros dos anteriores a él, aunque obviamente menos peligrosos y dañinos.
Este afecto especial para con su mejor amigo la hace estar confundida, y trata de abrirse al amor poco a poco.
Los meses pasan, y el Susodicho se va quedando en el olvido gota por gota. Abril, mayo, junio y julio. Una tragedia agobia a nuestra chica pues una mujer la cual conocía muy bien fue arrastrada por las manos de la muerte de una manera para nada grata. Se cierra, no están sus amigos con ella, está en shock. Se aleja, duerme para permanecer poco en la vida real y unas ojeras casi negras se tatúan debajo de sus ojos.
5 de agosto, 5:45 am. Nuestro Susodicho A aparece sin ser llamado y da paso a nuestra actual ocasión número 4, y lo más irónico es que nuestra chica lo recordó, esa noche, después de tantos meses.
Aparece con una nota, que hace que su cuerpo literalmente tiemble y su corazón lata tanto que los latidos los siente en los oídos. Luego de leerla 3 veces y salir de su expectación, otro mensaje le sigue, él lamenta haberla buscado de nuevo, que no sabía que la mención de su simple nombre le producía asco. Nuestra chica le responde, se abre completamente y lo invita a responderle, guarda pocas esperanzas pues el mensaje estaba datado desde el 1 de agosto.
Él le responde y proceden a tener una conversación, luego otra y así hasta ahora.
Lo extraño de todo esto es que siente algo distinto, al principio pensó que le seguía queriendo pero el pasar de las conversaciones diarias y ver que él seguía con mentiras la hizo sentarse, la hizo sentiré incómoda, cosa que era imposible cuando estaba con él.
Y aquí está, como una imbécil escribiéndole una carta expresando todo el dolor e inseguridad que siente con su regreso y, por supuesto, agregando al final que lo estará esperando si así él lo desea.

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