viernes, 27 de diciembre de 2013

Mi estrella

Hay pequeñas estrellas en el cielo, me gusta pensar que la más brillante es ella.
No me gusta hablar mucho de la muerte, puesto que siento que con cada una que ocurre yo soy la plaga.
A veces odio mi mente, no la tolero. Prefiere perforar en cada recodo de mi cabeza algún recuerdo no grato.
Amo mi estrella, y él debería de seguir amando a la suya.
Esas pequeñas partículas que se ven tan lejanas queman más que nuestras almas juntas.
¿Cómo algo tan puro puede sólo irse sin más?
Siempre lo digo: La vida es cruel.
Por más que amemos a alguien nunca será eterno.
¿Para qué los pone en nuestros caminos para luego arrebatarlos como si nada?
Y mi dolor, ¿dónde queda?
Y el de él, ¿lo disfrutaste?
Me gusta pensar que siguen allí, sólo están en una dimensión distinta y sólo pocos los pueden ver.
En mis sueños, sigo escuchando su voz, sintiendo sus abrazos.
Esos "hola, sobrina. ¿Cómo estás, hija?"
Me gusta pensar que justo ahora está sonriendo al verme escribir esto.
Me gusta pensar que es ella quien me abraza cuando nadie lo está haciendo.
Me gusta pensar que nada de eso pasó.
Pero simplemente vuelvo a odiar mi mente, porque ella es quien me engaña a diario.
Tengo que entender que hoy ella ya no está, aunque me guste pensar que sí.
Tengo que entender que no fue mi culpa lo que haya pasado, aunque quiera culparme.
Pero aún hay algo que quisiera.
Devolver todo lo que él me ha dado.
Devolver cada apoyo.
Aceptar cada lágrima que esté dispuesto a mostrar, porque no tengo cuenta de cuantas soportó él de mí.
Romperme el tórax con cada abrazo que no pude dar, pero que él puede darme ahora.
Rasgar mis oídos con cada bramido de furia y dolor, como una vez él aguantó de mí.
Puesto que hoy soy yo quien tiene que hacerse la fuerte.
Puesto que no estás solo.
Sólo debes saber que te amo tanto o más que a mi estrella, y ella sabe que es así.


martes, 24 de diciembre de 2013

Eres

Resulta y sucede que he llegado al punto de no saber qué eres.
Eres tanto y nada al mismo tiempo.
Eres aire, eres perfume, eres brisa fría en esa tarde de noviembre.
Eres mío, creo que lo eres.
Pero, ¿también eres de ella?
A veces me pregunto si eres tanto y a la vez poco.
Sí, después de ese día que nos vimos algo cambió.
Cambió el ritmo de los latidos de tu corazón, resonando y golpeando fuertemente tu pecho, y a la misma vez mi mano en él.
O cambió el color caramelo de tus ojos después de pedirme durante media hora que los viera.
Cambió el color de mis mejillas o el tono de mi voz al verte llegar, aunque llegaste con toda la intención de regalarme un paro cardíaco, y profanaste mi mejilla izquierda con ese beso que aún quema después de dos semanas.
Cambiaron mis labios al sentir los tuyos y unirse a un juego despiadado el cual llamas amor.
Cambiaron mis brazos y mi cuerpo entero al amoldarse al tuyo cuando nos abrazamos por primera vez.
Viste mi parte débil al no sostenerte la mirada por más de dos segundos, y si no te diste cuenta con eso, supongo que me delataron mis cejas zumbantes o mis manos jugando con las tuyas.
Y fue justo allí cuando te vi fijamente, por unos breves segundos, que decidí no dejarte ir y dejarme llevar por mis instintos.
Pero hoy hace dos semanas quisiera mirarte fijo a los ojos, ver las diminutas pecas que se asoman en tu rostro.
Sentir tus abrazos, perderme en ellos.
Besar tus labios, y no dejar de hacerlo...
Pero resulta que hoy no estás.
Y a pesar de escribir todo esto pensando en ti y teniendo una o muchas de mis ridículas sonrisas torcidas.
Necesito que me digas que lo que eres en realidad es Mi vida.