No alcanzan las palabras para expresar un sentimiento, no bastan las caricias para insinuar un beso.
Resbalando por tus cabellos acabé parado en tu cuello, y queriendo alcanzar desde allí tus labios fui a parar a tu pecho, danzando al ritmo de los latidos de tu corazón fui a tropezar con el calor de tu cuerpo y a punto de caer por tu cintura me convertí en halcón y volando crucé veloz por tus labios y a punto estaba de abalanzarme cuando un disparo tenaz de tu mirada me impactó, me descubrí entonces sorprendido por un brillo inexplicable y una paz llenó mi ser, una luz deslumbró mi ciego espíritu y la razón acabó por evaporarse, la locura invadió mi mundo y destruyó mi universo, mi mentira; empecé a vivir en ese instante.
Pero qué efímera la vida cuando se disfruta, yo que cuan ingeniero destacado construí mi obra magna toda de cristal, me encontré atrapado en una jaula de dulzura y con las llaves de mi prisión al alcance de mi mano dejé derrumbar trozo a trozo cada sueño. Los pedazos del cristal se incrustaron en mi piel, como un asesino despiadado vi morir a Corazón sin hacer nada.
Anhelos, sueños, tan fugaz fue el instante en que tu mirada pixelada se clavó en mis ojos desenfocados, tan importante lo que quise expresarte en la mía con una sonrisa torcida sonrojaba mis mejillas, que corto. Que imprecisas han sido las historias de amor, el Quijote y su Dulcinea, dando todo por amor para no tener nada, pues un loco ser ha decidido arar en el mar, salté al vacío y quise volar, que tonto fui, te dañe a ti, y me dañe a mí.
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