martes, 5 de junio de 2012
La gran mentira.
Gracias, mi amor, por esa carta que escribiste. Tan sincero has sido que me han salido lágrimas, y no creas que es de tristeza, para nada, fue todo tan bello. La manera en cómo me insultaste, lo mucho que te encantó usarme y las ganas de querer sentirte hombre por abusar de lo que sentía por ti. ¿Que si me duele? Para nada, no ves cómo se me cae a pedazos el corazón para poder compartir mi alegría, mi dicha. ¿Y el llanto? Es sólo un camuflaje porque, como dije, estoy feliz.
Sí, feliz de tus engaños, de tu abuso, de tus apuestas, de tu aprovechamiento, de infinidades de cosas.
Tanto así que te odio, no te quiero ver más en la vida, mi corazón le pertenece a otro y para mí sólo has sido alguien pasajero. Ya ni recuerdo tu nombre, ya ni recuerdo tus abrazos, tus besos, tus versos; todo de ti desconozco.
¿Qué fuiste? ¿Qué significaste? Solo fuiste una de la muchas noches que he vivido, una de las muchas veces que reí, una de las tantísimas veces que me enamoré. Simplemente haz sido nada.
Ese nada, que es la peor mentira que he podido inventar en años. La peor manera de querer olvidarte.
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