No sé cómo empezar este mensaje. Hace mucho que ya no escribo ni soy el rastro de lo que alguna vez plasmé en innumerables mensajes y notas contigo.
Llena de melancolía por la adolescente que llegué a ser y por el corazón que te robaste y nunca entregaste te quiero dedicar estás últimas palabras para enterrar en santa paz al amor que te tuve y no sabía que seguía teniendo en mi poder.
Fuiste el gran amor de mi vida, con el que soñé por primera vez en vivir esa vida de cuentos de hadas que tanto anhelé, el vestido, la boda, los besos, los viajes, el amor escrito en versos, los sueños, las metas, los niños y la vida de viejitos.
Y aunque sé que es egoísta y atrevido de mi parte expresarme así, no le puedo negar a ese corazón adolescente que llora desesperado porque ya su amor dejó de existir hace mucho tiempo pero que hoy le cayó la realidad.
Serás ese principe de cuento como en muchas historias y que Netflix recicla cada cierto tiempo, con el que soñé pero que no fue para mí. No me malinterpretes, estoy muy feliz por ti y mis deseos son siempre buenos para alguien que ama con cada célula de su cuerpo y más sabiendo que estás cumpliendo todo lo que un día deseamos, así no sea juntos.
Solo quería que supieras eso, para poder cerrar las puertas de esa casa virtual que hace mucho se quedó sin habitantes. Me quedo con lo bonito que vivimos, con el amor que me diste y los secretos más profundos que pudimos compartir, con tus letras de poeta y los mensajes que logré salvar en un cuaderno cuando solo usábamos mensajes de texto para hablar.
Gracias por hacerme quien soy, por inspirarme, motivarme, acompañarme en la distancia y por todas esas promesas que nos juramos en algún lugar de San Carlos. Ojalá que en otra vida nos volvamos a encontrar.
Que te vaya bonito, ya te lloré lo suficiente y te grité con Pablo Alborán a más no poder. Serás un increíble papá y un esposo maravilloso, no lo dudes.
Desencuentro - Pablo Alborán


No hay comentarios:
Publicar un comentario