¿Cómo llamarle a ese acto posesivo que me impulsa a, que a pesar de todo, no te deje ir?
¿Cómo seguir mis creencias?
¿Cómo dejar de creer?
Y es que lo amo tanto que no sé qué hacer al respecto.
¿Será huir? ¿Por qué huyes?
¿No te basto? ¿No soy lo suficientemente fuerte?
¿Por qué todo se derrumba después de que construí un rascacielos de ilusiones?
¿Qué es amar? ¿Qué es ser querido?
Busco en cada rincón de la habitación el por qué te quiero estando tan lejos.
¿Para qué querer si duele?
¿Para qué amar si destruye?
Dios mío, será que tanto amor no me cabe en el pecho y sólo trata de compactarse junto a miles de recuerdos.
¿Por qué te vas, mi cielo, y me dejas sin estrellas?
Me estrellas contra el núcleo de la Tierra y quema tanto este querer que moriré calcinada junto a tus recuerdos.
Cuántas lágrimas han de caer en el suelo para que se fecunde una realidad tan soñada en estos tiempos.
¿Cómo no amar? Si es el dolor más exquisito que se podría experimentar.
Huyo. Huyo muy lejos pero este querer sigue aquí, conmigo. Rondando en la soledad de esta sala, tratando de plasmarse en esta casa y en esta vida que está tan llena de ti, y que no me pertenece.
Creer. De qué vale creer en todo lo bueno si el mal ronda en cada rincón de mi cuerpo y no hay sustancia que depure tanta angustia que me causa el verte partir.
"Cómo no creerte, mi vida, si tus negros ojos lloraban por mí".
No temas, viejo amor, que aquí estoy para salvarte.
¿Qué salvación existe, si tú mismo eres mi condena?
Eres esa cruz que llevaré en la espalda dándole la vuelta al mundo mil veces y no cae. Lastima con cada pisada que anclo en esta tierra junto al no saber si volverás.
¿O será que me he vuelto tan loca que no veo con claridad y saco conclusiones tan apresuradas?
Me dueles, tú me dueles.
Y seguirás doliendo en lo más profundo de este ser que se parte en infinitos pedazos por no saber lo que es conveniente para ambos.
Te amo ardientemente y no descansaré hasta que mi pecho se rompa y me llene de adrenalina todo el cuerpo.
Hasta que mi última neurona muera y me provoque el olvido, o peor, la muerte.
Hasta que mis pulmones se cansen de ti. De tus suspiros, de tus alientos, de esa voz de tabaco y whisky que impregna y recorre mi circulación.
Hasta que tus ojos me miren y me digan una verdad que duela y no una mentira que no angustie.
Hasta que mis besos dejen de ser útiles para reparar ese pasado que trunca este presente, y más allá, nuestro futuro.
Ámame con locura. Nunca un loco amó tanto en esta vida.
No me quejes, que te necesito, Ancla. No me dejes ahogarme en un mar de desidia, un mar en el que no estás aquí.

No hay comentarios:
Publicar un comentario