No creí estar lejos hasta que desperté esa noche
en el autobús, tanteé el espacio a mi lado y no estabas allí. No pensé que
tenía un hogar hasta aquella mañana en que, luego de una noche de pasión,
desperté y me encontré refugiada en un abrazo.
Que duro ha sido dejar tu casa y en ella mi vida entera. No
supe lo que era ser amada hasta que tus manos recorrieron el sendero en mi
cintura. No supe, y cuánto hubiera dado por saberlo en ese momento en que mis
ojos se perdieron en los tuyos mientras me cantabas canciones de amor.
Que tonta, que triste.
Qué triste sentir el calor de otro lugar cuando tú no estás a
mi lado.
Las flores marchitas del pasillo del edificio es en lo que
se convirtió ahora mi vida.
Esas manos que me
guiaron en toda mi estadía y no me soltaron ni un segundo. No me dejaste caer.
Pero qué triste la historia del príncipe con su princesa en ese castillo de
mármol y ventanas de cristal, donde todo era imperturbable. Qué lejos se siente
el llano de mis dedos, que melancólica se ha vuelto la luna. Mi compañera,
aquella a quien le juraste no dejarme se parte cada día con lo monótono del día
y de este sufrimiento que es el estar sin ti. Que dolor siente el hoyo que he
cavado en mi pecho para ahondar cada día ese espacio en el que estás metido y
no quieres salir de allí. Ay, cuentista y violinista de tejados que dejaste de
viajar de puerta en puerta sin saber que vivía en una casa de cartón. Qué
triste se ha vuelto el mundo y que fría está la mañana, cuando el calor que
necesito, la gasolina para que este motor vuelva a rugir, es tu simple frase
de: “Todo va a estar bien”.
Que memoria, que agonía.
Que doloroso y necesario se ha vuelto el recuerdo de tenerte
en aquella cama, siendo las 9 de la mañana y no dejar de mirarte.
Qué triste se ha vuelto el recuerdo de tus besos sin saber
que fueron los últimos que iba a recibir.
Que duro es borrar cada escena que imaginé de nosotros en la
cocina riendo, abrazados y besándonos.
Que cortos esos momentos, que cortos esos días.
Que cortos se han vuelto los años pero cada día más larga la
distancia. Que bruta, que tonta el quedarme callada y no decirte lo que siento.
Que absurda realidad la de esta muñeca de porcelana.

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