viernes, 21 de marzo de 2014

17 de febrero del 2014

No creí estar lejos hasta que desperté esa noche en el autobús, tanteé el espacio a mi lado y no estabas allí. No pensé que tenía un hogar hasta aquella mañana en que, luego de una noche de pasión, desperté y me encontré refugiada en un abrazo.
Que duro ha sido dejar tu casa y en ella mi vida entera. No supe lo que era ser amada hasta que tus manos recorrieron el sendero en mi cintura. No supe, y cuánto hubiera dado por saberlo en ese momento en que mis ojos se perdieron en los tuyos mientras me cantabas canciones de amor.
Que tonta, que triste.
Qué triste sentir el calor de otro lugar cuando tú no estás a mi lado.
Las flores marchitas del pasillo del edificio es en lo que se convirtió ahora mi vida.
 Esas manos que me guiaron en toda mi estadía y no me soltaron ni un segundo. No me dejaste caer. Pero qué triste la historia del príncipe con su princesa en ese castillo de mármol y ventanas de cristal, donde todo era imperturbable. Qué lejos se siente el llano de mis dedos, que melancólica se ha vuelto la luna. Mi compañera, aquella a quien le juraste no dejarme se parte cada día con lo monótono del día y de este sufrimiento que es el estar sin ti. Que dolor siente el hoyo que he cavado en mi pecho para ahondar cada día ese espacio en el que estás metido y no quieres salir de allí. Ay, cuentista y violinista de tejados que dejaste de viajar de puerta en puerta sin saber que vivía en una casa de cartón. Qué triste se ha vuelto el mundo y que fría está la mañana, cuando el calor que necesito, la gasolina para que este motor vuelva a rugir, es tu simple frase de: “Todo va a estar bien”.
Que memoria, que agonía.
Que doloroso y necesario se ha vuelto el recuerdo de tenerte en aquella cama, siendo las 9 de la mañana y no dejar de mirarte.
Qué triste se ha vuelto el recuerdo de tus besos sin saber que fueron los últimos que iba a recibir.
Que duro es borrar cada escena que imaginé de nosotros en la cocina riendo, abrazados y besándonos.
Que cortos esos momentos, que cortos esos días.

Que cortos se han vuelto los años pero cada día más larga la distancia. Que bruta, que tonta el quedarme callada y no decirte lo que siento. Que absurda realidad la de esta muñeca de porcelana.


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