Después de un día en la playa con los amigos, ya todos se han ido y sólo queda una pareja, caminando, disfrutando del atardecer entre palabras y risas.
Tomados de la mano, él con un short negro, ella con un vestido blanco corto.
Casi al anochecer cambian su rumbo, dirigen sus pasos hacia un hotel. Octavo piso, vista al mar, un pedacito de cielo en medio del infierno.
Él se acerca a la puerta, introduce la llave y gira la manilla. Abre la puerta, al abrirse deja ver una cama de sábanas blancas, todo un cliché.
Las amplias ventanas a un lado de la cama todavía dejan entrar un poco de luz. Los últimos rastros de sol de aquel hermoso día.
Ella entra, deja caer sus sandalias. Él la sigue, cierra la puerta, y allí es donde empieza la verdadera historia.
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